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Primer
recorrido por el Árbol de la Vida cabalístico
La
originalidad de la Cábala respecto del Árbol
de la Vida - un símbolo universal que aparece en numerosas
culturas y pueblos - estriba en la gran riqueza simbólica
con que ha vestido cada uno de sus elementos. Se puede construir
un Árbol de prácticamente todas las cosas en
el campo de lo místico, mágico, esotérico,
religioso, ético, psicológico, científico,
etc., y en cada caso se obtienen significados iluminadores
sobre el tema en cuestión.
La clave de su éxito está en que, posiblemente,
el Árbol de la Vida es la fórmula sintética
que mejor representa la naturaleza profunda de lo real. Se
trata de un mapa de la Conciencia/Energía, que se puede
leer en sus diversos lenguajes de interpretación dentro
de cualquiera de los dominios enunciados antes. Dicho de otro
modo: El Árbol de la Vida es una metafórmula
válida y completa de Dios, del universo y del ser humano.
Su estructura es simple: Consta de diez círculos o
esferas, llamadas sefirot en hebreo, y de veintidós
canales o senderos que las conectan entre sí. Hay una
esfera más, señalada en el gráfico con
línea de puntos, que se considera virtual o implícita,
por lo que no aparece numerada.
Infinito
¹ws-÷ya

ÁRBOL
DE LA VIDA
En una primera aproximación, las diez esferas representan
los diez arquetipos básicos del Espíritu (y,
por tanto, los diez estados básicos del ser), a saber:
1. Unidad omniabarcante. 2. Sabiduría aformal o Conciencia
pura. 3. Espíritu activo (que realiza el acto de Creación
propiamente dicho) 4. Amor divino (fuerza expansiva del universo)
5. Poder absoluto (fuerza contractiva del universo) 6. Conciencia
de sí o Self. 7. Eternidad de lo arquetípico
(afirmación constante de sí) 8. Esplendor de
la Luz (manifestación de la verdad del ser) 9. Potencia
generativa y vital. 10. Completitud o realización final.
Esta es una definición. Caben otras perspectivas o
matizaciones. La sefirá que aparece implícita
- de algún modo síntesis de todo el Árbol
y presente en todo él - se llama Conocimiento, y alude
al estado de unión que se alcanza con la experiencia.
Este es el sentido que da la Biblia al Conocimiento, tal como
está escrito: "Y Adam conoció a Eva".
En la Cosmogénesis, las sefirot o esferas devienen
en estados objetivos del ser. Los 22 senderos o canales son
sus interrelaciones, así como las fórmulas de
paso de uno a otro por parte de la conciencia/energía.
Podemos tener la imagen del Árbol de la Vida como el
campo de fuerzas de un gran átomo de conciencia con
diversas órbitas (las sefirot) Los senderos serían
las frecuencias básicas o "fotones" de ese
campo único. De ahí que sean las "letras"
o energías básicas en las que se formula la
Energía única del Pensamiento Divino. Las 22
letras del alfabeto hebreo (cada sendero correspondiendo a
una letra) son su contraparte en el plano del pensamiento
humano. La manipulación cabalística de letras
no genera sólo significados, sino que mueve energías
arquetípicas. Este es uno de los pilares de la Cábala.
¿Qué lectura básica podemos hacer de
las sefirot en el plano humano?
Haciendo un gran esfuerzo de traducción de los significados
anteriores - el lector comprenderá que sobre el Árbol
de la Vida se han escrito cientos de libros - llegamos a los
siguientes conceptos clave:
10. Maljút, Reino: Cuerpo, sentidos, cerebro, lo físico,
conciencia externa objetiva.
9. Yesod, Fundamento: Instinto, imaginación creativa,
lo onírico, lo astral, la conciencia subjetiva, el
ego como: a) mecanismo de filtro entre la conciencia y la
subconciencia, y b) centro de referencia de las representaciones
conscientes. El yo mental. Lo que me creo que soy.
8. Hod, Gloria: Pensamiento, intelecto, lógica, razón,
comunicación, voluntad, lo social.
7. Nétsaj, Victoria: Sentimiento, emociones, pasión,
fuerzas de la naturaleza, comunión, éxtasis.
6. Tiféret, Belleza: Equilibrio, armonía, integración,
centro, el self o sí mismo, el yo auténtico,
existencial, centáurico (integración físico-psíquica),
el verdadero centro de la totalidad de mi mismo, lo que soy
de verdad, etc. También, la Chispa de Luz Divina individualizada.
5. Guevurá, Fuerza: El poder personal, las pruebas,
el deseo profundo, la líbido (energía psíquica),
juicio, discriminación, limitación, disciplina,
autodominio, control.
4. Jésed, Misericordia: Expansión, construcción,
amor, bondad, capacidad de dar, la grandeza (del propio camino),
el perdón (la superación y limpieza de todos
los karmas), el placer, la satisfacción, plenitud,
alegría de vivir.
3. Biná, Entendimiento: Conexión con el Yo Superior
(Espiritual, Sutil - Daát, la sefirá invisible
-, Causal) El tikún: nuestra tarea o destino personal.
Nuestra percepción de la Ley Cósmica. La Liberación
final: reintegración en el Uno y en el Todo, como una
gota en el océano de la existencia, con una conciencia
personal/transpersonal.
2. Jojmá, Sabiduría: Conciencia pura inherente
a todos los estados de la mente (y por tanto del ser), el
espejo de la Mente Divina (en el que Dios se conoce a Sí
mismo): una omnisciencia u omniconciencia luminosa y transparente
en el que todas las cosas se hallan implicadas, en su raíz,
participando como ideas vivientes de la propia esencia divina,
en un estado atemporal de plenitud y éxtasis. La Vida
verdadera. La fuente de toda revelación e inspiración.
1. Kéter, Corona: Estado último de conciencia,
Unidad absoluta: el Uno y el Único. El Ser de los Seres
y, al mismo tiempo, el No Ser más allá del Ser:
No Ser infinito, luminoso y radiante, No Ser afirmativo, carente
de límites y condiciones. Identidad entre el Ser y
la Nada (la Forma y el Vacío) Sí mismo absoluto,
el Centro de todos los centros, calma y beatitud completas.
Entre
todos los aspectos anteriores hay una continuidad; eso es
lo que expresa el simbolismo del árbol, una única
vida orgánica: ¿Puede decirse que está
más vivo el tronco que las raíces, la rama que
la flor? Es la mente la que hace las distinciones.
Un principio cabalístico afirma que todas las sefirot
son igualmente sagradas. Todas están al mismo nivel.
No es más santo lo espiritual que lo físico.
Hay ocultación y manifestación. Hay evolución.
Y como dice el Séfer Yetsirá, el primer libro
cabalístico conocido:
"Diez sefirot de la Nada. Su fin está contenido
en su principio y su principio en su fin, como la brasa está
unida al carbón. Porque el Creador es uno, y no tiene
segundo, y antes del uno, ¿qué vas tú
a contar?"
Eduardo Madirolas Isasa.
(Publicado en Espacio Humano. Abril 2004)
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