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Una
panorámica de la Cábala
(Publicado
en Espacio Humano. Febrero de 2004)
En
el amplio espectro de técnicas y caminos espirituales
disponibles hoy en día para el buscador sincero, la
Cábala aparece poco representada. Pienso que eso se
debe fundamentalmente al desconocimiento de lo que esta vía
de desarrollo es en realidad, así como de la extensión
y alcance de sus planteamientos y sus métodos. A esto
hay que añadir la ausencia de buenos maestros fuera
de lo que es el marco judaico, un mundo bastante cerrado en
sí mismo por lo general.
A
pesar de que, históricamente, la Cábala es la
formulación específica judía del sendero
espiritual, con sus componentes mágico-proféticas,
místicas y filosóficas, es también cierto
que, siendo un modo de conexión y adhesión a
lo Divino, constituye una vía universal, válida
para todos. Si así no fuera, simplemente no sería
"verdadera".
Hay
que añadir además que, en su largo recorrido
histórico, la Cábala ha sabido asimilar de una
forma creativa contenidos fundamentales de otras culturas
y pueblos. Que la Cábala incorpora elementos de Egipto,
Babilonia y el antiguo Oriente Medio es evidente. Que también
asimila elementos de la gnosis y de la filosofía griega
(fundamentalmente del neoplatonismo) está claro. Y
que esta vocación integradora sigue vigente - ya que
cada generación formula la sabiduría en el lenguaje
de su tiempo - se ve por ejemplo en la terminología
de la sicología junguiana y transpersonal con que hoy
en día se expresan sus conceptos arquetípicos,
que coinciden, como es lógico, con los de la llamada
filosofía perenne.
Lo
anterior debe interpretarse como un síntoma de vitalidad
y actualidad, y no de falta de originalidad. La Cábala,
afirma la Tradición, parte de la revelación
básica de sabiduría recibida por el hombre-mujer
arquetípico - el Adam-Javá del Génesis
- y transmitida a todo el mundo antediluviano (tradiciones
de Enok-Metatrón-Hermes) y postdiluviano (Shem-Melquisedek),
hasta ser recibida por Abraham que, no lo olvidemos, fue contemporáneo
de la Torre de Babel y heredero de la lengua única
a que hace alusión el texto bíblico.
La Cábala siempre ha sido y sigue siendo una tradición
viva, con su propio tronco, ramas y frutos - como por ejemplo,
la revelación mosaica, la profecía de los tiempos
bíblicos, los escritos de sabiduría salomónicos,
la ascensión a los Hejalot o palacios celestiales de
los primeros siglos, la teosofía del Zohar (S. XIII)
y de Safed (S. XVI), los usos ontológicos del lenguaje
(el Séfer Yetsirá, atribuido tradicionalmente
al propio Abraham) con todo el complejo asociado de técnicas
del éxtasis, el jasidismo antiguo y moderno, que ha
sido comparado con el Zen, etc. A este tronco principal se
pueden injertar otras ramas (por lo compatible que resulta
con otros planteamientos), lo que trae consigo renovación,
completitud y más belleza ornamental. Y tan potente
es la savia que circula por la estructura cabalística,
que los humanistas del Renacimiento reconocieron que en ella
estaba la clave esotérica de su propia religión,
y también del ocultismo occidental, que se ha servido
desde entonces de la Cábala para fundamentarse a sí
mismo, y que constituye hoy en día - en sus numerosos
grupos y órdenes iniciáticas - una de sus modalidades
principales.
En
resumen, podemos decir que hoy en día merece la pena
conocer y estudiar la Cábala porque es una vía
universal a la espiritualidad, de gran antigüedad, de
gran extensión o alcance - tanto en horizontal como
en vertical - y muy flexible y adaptable, siendo compatible
con cualesquiera creencias ya que puede ayudar a fundamentar
a todas. Como occidentales, puesto que la revelación
cristiana parte esencialmente del esoterismo judío,
no es raro descubrir que, al estudiar Cábala, estamos
encontrando y profundizando en nuestras propias raíces.
Hay
esencialmente tres aproximaciones a la Cábala, que
son, por así decir, tres modos de conexión con
la Luz Infinita, siendo ésta a su vez un nombre para
la Conciencia-Energía subyacente a todo - el sustrato,
si se quiere, de la Mente Única o Divina -. Estas vías
son 1) el estudio (aproximación mental a la sabiduría),
2) la meditación, oración y demás técnicas
de interiorización, 3) la acción, que incluye
desde la actitud general y las prácticas específicas,
hasta el uso consciente del simbolismo en el ritual mágico
y litúrgico. A continuación daremos unas pinceladas
de cada una de ellas:
El
estudio - no meramente intelectual, sino como medio de conexión
con la Luz - es la aproximación filosófico-teosófica
al problema de la Realidad: ¿Cómo surge y se
mantiene lo finito en el seno de lo Infinito, lo múltiple
en el seno de la Unidad, lo relativo en el seno de lo Absoluto?
La Cábala concibe la Manifestación como una
gran cadena orgánica del Ser que brota del mismo seno
de lo Divino y progresa en modos crecientes de complejidad
y diversificación, estando todo regado y mantenido
por la misma savia, que no es otra cosa que la Luz Infinita
misma. Esto es lo que aparece codificado en el gran símbolo
del Árbol de la Vida, con sus sefirot o esferas de
manifestación de lo Real, y sus canales que las interconectan
entre sí.
En
el Árbol vemos desplegados en un todo único
los diversos Mundos o ámbitos del Ser (el Mundo Divino,
de la naturaleza del no-ser, el Mundo de la Creación
o Mente Pura, el Mundo de la Formación o astral-psíquico
y el Mundo de la Acción o de los fenómenos espacio-temporales,
de la materia y la energía), todos con sus cielos,
palacios, almas, jerarquías angélicas, esferas
planetarias, etc., hasta los propios dominios elementales
de lo físico.
Quizá
sorprenda el ver cómo están equiparados, en
el segundo Mundo, la Creación con el ámbito
de lo Mental. Entramos aquí en el carácter ontológico
del lenguaje, típico de la Cábala, aunque no
sólo de ella (véase, por ejemplo, el uso de
las letras en el Tantra). El propio Génesis presenta
la creación como una exteriorización del Pensamiento
Divino mediante la Palabra (la actividad del Espíritu
de Dios). En ese sentido, las letras, las Letras de la Creación,
son realidades espirituales, vasijas metafísicas capaces
de contener y canalizar la Luz. Son así símbolos
de primer orden (de hecho los canales del Árbol de
la Vida) y cables de conexión que transmiten la Luz
mediante su contraparte en el plano físico. Esto constituye
uno de los pilares básicos de la meditación
cabalística.
Parejo
al concepto de la escalera de los mundos está el del
Tikún: el plan Divino de la evolución, del descenso
y el ascenso por los distintos niveles de la jerarquía
del ser. Esto incluye la vida actual (la encarnación
en un cuerpo físico), los estados de después
de la muerte (con la conciencia/energía centrada en
los niveles superiores del alma, ya que la Cábala concibe
al ser humano con una estructura de conciencia y presencia
en todos y cada uno de los mundos) y la rueda de las reencarnaciones
hasta completar la propia tarea o destino personal. En esencia,
la meta de la evolución es la participación
del máximo bien y felicidad que es alcanzar la afinidad
(o similitud de fase) con lo Divino, en Poder, Amor y Sabiduría.
Ello se logra mediante el aprendizaje y el mérito que
deviene del uso de la libertad, que junto con la capacidad
de dar, constituye una de las marcas de fábrica de
lo Divino.
La
Cábala es teosofía porque tanto en el proceso
de Creación, que se realiza en un intemporal y eterno
Ahora, como en el de Tikún - rectificación,
transformación, iluminación, unión y
canalización - lo Divino se involucra como continente
y contenido (diríamos que, metafóricamente,
la manifestación es hacia dentro, no hacia afuera de
ninguna parte). El propio Nombre principal impronunciable
de Dios YHVH consiste en hebreo en la raíz del verbo
"ser" en presente con el prefijo de tercera persona
del "futuro", indicando el concepto de "el
Ser Activo del universo". Al mismo tiempo, la propia
Creación es su Ser Pasivo, Presencia o Shejiná,
siendo uno de los motivos fundamentales de la Cábala
(expuesto en el Cantar de los Cantares) el de la unión
o Bodas Místicas entre el aspecto masculino y femenino
de la Deidad, lo que completa el Tikún Cósmico.
Evidentemente, a imagen y semejanza de su arquetipo divino,
éste es también el paradigma del ser humano
realizado.
Posiblemente
ya se habrá intuido que el camino de la Cábala
es, en primer lugar, hacia dentro de uno mismo. Esta es la
invitación dada por Dios a Abraham: "Vete de tu
tierra y de tu familia y de la casa paterna a la tierra que
te señalaré". Ese "vete" aparece
en el texto bíblico de una forma extraña: "Lej
Lejá", que literalmente quiere decir "Ve
para ti". Los cabalistas interpretan, entonces, el versículo
como: "Sal de tus automatismos y programaciones y conócete
a ti mismo para alcanzar el estado de conciencia - tierra
espiritual o tercera sefirá, y que no es otra cosa
que el alma espiritual o neshamá - que te mostraré".
Entre
las técnicas de interiorización, la meditación
siempre ha ocupado un lugar preponderante. Quizá algunos
se extrañen de que hablemos de meditación en
épocas tan antiguas como los tiempos bíblicos.
Conviene recordar al respecto que en el antiguo Israel había
escuelas organizadas de profecía - el nombre que se
daba entonces a la iluminación - en las que se enseñaban
y aplicaban técnicas avanzadas de meditación,
y podemos deducir que también disciplinas espirituales
de todo tipo. Estas escuelas eran numerosas, con multitud
de estudiantes cabe suponer que en distintos niveles o grados
de realización. Según Abulafia, cabalista español
del siglo XIII y principal exponente de la llamada Cábala
extática o profética, las técnicas de
meditación que él preconizaba - basadas en Nombres
Divinos y en diversas manipulaciones de las letras, junto
con técnicas especiales de respiración y concentración
- eran herederas directas de la tradición profética.
En
realidad, las técnicas de meditación cabalística
cubren un amplio rango que abarca la experiencia visionaria
(con un uso extensivo de la imaginación creativa),
los diversos modos de concentración y control de la
mente (repetición de Nombres Divinos, versículos
y mantras), el trabajo con los centros psíquicos del
cuerpo sutil (utilizando, entre otras cosas, las letras hebreas,
tal como prefigura el Séfer Yetsirá), las unificaciones
o Yejudim (que involucra a los llamados Rostros Divinos y
cuyo alcance en todos los planos del Cosmos es inmenso), la
práctica constante de la Presencia Divina (para llegar
a la continuidad de la conciencia), la práctica de
la Devekut o unión con Dios por la vía del amor
y la absorción pasiva en su Ser, hasta llegar a la
meditación sobre el Vacío, el anonadamiento
o reducción a la nada del propio ser, como puerta de
entrada al En Sof o Infinito, la identidad esencial entre
el ser y el no ser y que constituye el estado último
de conciencia.
Mención
aparte merece la oración cabalística, ya sea
puramente contemplativa, o espontánea en el sentido
de abrir el corazón a lo Divino, o consistente en la
lectura de Salmos y otros escritos de poder, o basada en un
ritual estructurado de oraciones tal como el servicio judío.
En éste último, el significado de las palabras
no es sino el primer peldaño de la escalera que une
el cielo con la tierra. Las oraciones, que incorporan muchos
de los resortes meditativos mencionados antes, están
organizadas de forma que se realice progresivamente la ascensión
por los cuatro mundos, a la que debe seguir el descenso correspondiente
con la integración en la vida cotidiana de los contenidos
alcanzados.
Porque
la meta del cabalista, y con ello entramos en la vía
de la acción, no es evadirse de la realidad mundana
para alcanzar para sí la iluminación o los niveles
superiores de la conciencia. Su meta es unir el cielo con
la tierra, canalizar la Luz, hacer de la materia un nivel
transparente a la Luz Divina. Y eso no sólo a un nivel
personal o interno. El compromiso social, la instauración
por una sociedad justa y solidaria, la responsabilidad por
los distintos reinos de la naturaleza (¿es necesario
recordar que en algunos Salmos tenemos las primeras muestras
del pensamiento ecológico?), todo ello en el marco
del proceso del Tikún universal, es parte de la tarea
del cabalista. Pues como afirma el dicho angélico del
libro de Isaías: "Toda la Tierra está llena
de Su Gloria".
Entre
las prácticas específicas están todas
las relativas al conocimiento de uno mismo en todos los niveles
del propio ser. Esto hoy en día se hace en el marco
de una terapia, la cual, de una forma general, está
incluía en el currículo de los distintos grupos
de estudio. Así, los arquetipos del inconsciente personal,
por utilizar una terminología junguiana, deben ser,
como primer paso, sacados a la luz y aceptados, asumiendo
la plena responsabilidad por la totalidad de uno mismo. Integración
e individuación son las palabras clave, lo que nos
sitúa al nivel del self o sí mismo psicológico
(el centauro de Ken Wilber o el yo existencial de otros sistemas).
A partir de este punto de verdad personal - el ser auténtico
- se construye, mediante el trabajo intensivo en uno mismo
y la práctica de una ética superior (no necesariamente
convencional), la mercava o vehículo espiritual para
acceder a las esferas transpersonales del propio ser, culminando
en la Chispa de Luz Divina que constituye el propio núcleo
o raíz, y que es, en sí misma, una parte de
la Mente Divina.
Una última palabra sobre la magia, que es parte de
la Cábala, y que ha sido y sigue siendo tan mal comprendida.
En esencia, la magia consiste en el uso activo del simbolismo.
Mediante éste damos cuerpo a energías espirituales
que impactan sobre la psique para causar cambios, generalmente
en la propia conciencia. Y todo ello bajo el control de la
voluntad, que se pone al servicio de la Voluntad Superior
o manifestación externa de la propia Chispa Divina,
el verdadero Mago. En ese sentido, la magia es una técnica
de desarrollo espiritual y ha sido usada extensivamente por
todas las religiones, ya que nada tiene tanto poder como los
propios actos. Relegar la magia a la obtención de cosas
materiales para el propio disfrute es rebajarla de nivel,
lo mismo que si consideramos la oración sólo
como un medio de obtener favores de lo Divino, o la meditación
como una forma de relajarnos para sentirnos bien.
La presente panorámica es por necesidad breve e incompleta.
En los próximos artículos se irán desarrollando
los puntos en ella expuestos para que el lector interesado
pueda disponer de una información más completa.
Si después considera que la Cábala tiene algo
personal que decirle, sin duda encontrará la vía,
teniendo en cuenta que ésta se dirige hacia el interior
de sí mismo.
Eduardo Madirolas.
(Ha traducido varios libros de Cábala tanto en su versión
judaica como del esoterismo occidental. Es autor del libro
"El camino del Árbol de la Vida. Un curso de introducción
a la Cábala mística", de próxima
publicación).
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