LAS LETRAS DE LA CREACIÓN (2ª parte)
Una contribución a la lectura del Séfer Yetsirá.
Por Eduardo Madirolas Isasa
(Publicado en la revista Archipiélago. Cuadernos de crítica de la cultura. nº 36. 1999)

 

Volviendo a nuestra lectura del Sefer Yetsirá, la tercera Sefirá es el agua que procede del aire, es decir, el continuo sustancial que dará lugar a los mundos de la forma y la materia ("Y la tierra era Tóhu y Bóhu..." Gen: 1:2). Para poder actuar las letras deben fijarse sobre algo. Este algo es el agua, que es como la tinta fluída que se adapta a la forma de las letras (las vasijas).
A continuación viene el fuego - cuarta Sefirá - en el que Dios funda su morada: el Trono de Gloria y las huestes angélicas o formas espirituales. El Trono es una representación colectiva del mundo del Ser en el que las potencialidades inherentes a la materia prima del agua se expresan en su diferencia (aunque no se separan todavía). En física moderna, el agua primordial sería como el vacío mecánico-cuántico que es el máximo de energía potencial. Al hablar de fuego damos el salto (Gran Explosión) a energías concretas, actuales.
En el segundo versículo del Génesis, esta Sefirá aparece oculta en la expresión Rúaj Elohim ( el Aliento de Dios que se cernía sobre el rostro de las aguas). Si consideramos el valor numérico de estas dos palabras (R+V+J = 200+6+8 = 214 y A+L+H+Y+M = 1+30+5+10+40 = 86 ; Total = 300 ) obtenemos el resultado de 300, que es, a su vez, el número de la letra Shin. Esta letra corresponde al fuego y dice posteriormente el Séfer Yetsirá que con ella fueron creados los cielos.
Por último, las seis Sefirot restantes corresponden a los seis días de la Creación (ver el primer capítulo del Génesis). Son presentadas en el Séfer Yetsirá como las seis caras de un cubo que es sellado mediante las seis permutaciones de las tres primeras letras del Nombre (YHV). Cinco breves notas sobre ello:
1. El valor numérico de cada una de estas permutaciones es 21 (Y=10, H=5, V=6). Este es el valor también del Nombre Divino Eheié (A=1, H=5, Y=10, H=5), que significa Yo soy (o Yo seré) y que Dios revela en la zarza ardiente delante de Moisés. Así, cada fase de la Creación está escrita con el Nombre de Dios que es una imagen de Sí mismo.
2. Estas tres letras, Y, H y V, se dice que encierran el secreto de las tres madres, las cuales, a su vez, corresponden a las tres fases anteriores de aire, agua y fuego. Lo que varía es, entonces, la preponderancia de uno u otro factor.
3. Precisamente el movimiento del Espíritu Divino (1ª Sefirá, a la que tradicionalmente corresponde el Nombre Divino Eheié) es lo que se plasma en las combinaciones y permutaciones de letras, con lo cual se nos está explicando la esencia del acto creativo. De paso se nos da una formidable técnica de meditación con letras : la de permutación o Tseruf.
4. El movimiento del Espíritu alcanza un punto de descanso en el centro del cubo, que corresponde a la cuarta letra del Nombre (2ª Hé) y que es, obviamente, el Shabbat o séptimo día, en el que Dios descansó (y santificó ligándolo a su Nombre). Esta última fase recoge todas las influencias de las anteriores e inicia el nuevo ciclo (2º capítulo del Génesis).
5. El cubo metafísico también prefigura la interpretación de las letras: la tridimensionalidad del espacio, uniendo entre sí las caras opuestas, corresponde a las tres letras madres. También podemos representarlas como circunscribiendo al cubo mediante tres círculos máximos (ecuador más dos meridianos perpendiculares entre sí). Las seis caras más el centro corresponden a las siete dobles. Y las doce aristas, a las doce letras simples. Sobre este tema concreto no vamos a tratar aquí. Baste decir que con el principio espiritual de cada una de las letras el Creador conforma un poder específico sobre el cual regirá la letra. Este poder es macrocósmico (planetas y signos del zodíaco), temporal (la energía interna que despliega cada día de la semana y cada mes solilunar del calendario hebreo) y microcósmico (en el nefesh o cuerpo vital del hombre: la contraparte astral de los órganos físicos), con lo que la Creación queda completada. De todo ello trata ampliamente la segunda parte del Séfer Yetsirá.

***

Quizá ya el lector se haya percatado a estas alturas del inmenso poder de las letras del alfabeto hebreo como los agentes creativos de Dios. Lo tremendo es que el ser humano - imagen y semejanza del Creador - puede también usar ese poder (con permiso divino). Y ello en una doble dimensión: mágico-creativa y mística. El aspecto mágico-creativo lo tenemos en su máxima expresión en las leyendas sobre el Golem: el homúnculo moldeado con arcilla sobre el que el cabalista proyecta la forma espiritual completa creada mediante las técnicas del Séfer Yetsirá. El aspecto místico es el de conexión con la Luz Divina; tiene como meta el desarrollo espiritual del practicante y usa las letras como canales, en correspondencia con los elementos expresados anteriormente y los senderos del Arbol de la Vida. Más interesante que crear un golem externo es dar forma espiritual al propio cuerpo de luz con el que, por ejemplo, poder ascender en meditación a los mundos superiores.
Todo esto constituye la sabiduría del patriarca Abraham, a quien la Tradición atribuye la autoría del Séfer Yetsirá. Abram (tal era su nombre antes de que Dios introdujera en él la Hé del Nombre Divino) no se quedó en el conocimiento exterior de las cosas, sino que buscó el poder nuclear que rige todas las manifestaciones cósmicas. Fue así el primero en usar el Nombre Adonai (Gen 15: 2 y 8) que expresa la soberanía divina sobre toda la creación.
Dios le había llamado y le había dicho: "Véte (Lej-lejá) de tu tierra y de tu familia y de la casa de tu padre...(Gen 12:1). Esta expresión, Lej-lejá, literalmente significa "vé para tí", y se puede interpretar como "vé hacia dentro de tí, conócete a tí mismo". Abram había salido de Ur Kasdim, la luz de los caldeos (Ur tiene exactamente las mismas letras que Or, luz). Abram era astrólogo (conocimiento caldeo) y sabía por las estrellas que no podía tener hijos: "¿Qué me darás si yo ando sin hijo...?"(Gen 15:2). "Y le sacó (Dios) afuera y le dijo: Mira ahora a los cielos y cuenta las estrellas..." La pregunta es: ¿Tuvo Dios que sacarle de su tienda para un conocimiento tan trivial como que las estrellas del cielo son muchas? ¿De dónde le sacó exactamente? La respuesta lógica es que le sacó afuera de la bóveda celeste para contemplar las estrellas desde arriba. Es decir, le sacó de la influencia de la necesidad, de la ley natural representada por las influencias astrales para anunciarle algo imposible según ellas: su descendencia.
La Biblia no dice nada sobre cuál era el grado de conocimiento alcanzado por Abraham, pero la Tradición nos dice que era la ciencia de las letras, tal como ésta se expone en el Séfer Yetsirá. Quizá no se ha pensado lo suficiente en que cronológicamente Abraham era contemporáneo de la Torre de Babel y que conservó, por tanto, el conocimiento de la lengua original, la lengua sagrada (el hebreo), esa lengua de la que Dios dijo: "He aquí un pueblo y una lengua... nada será imposible para ellos". Y así, el enigmático versículo bíblico : "y tomó a Sarai... y al alma (HaNefesh, puede interpretarse como almas, si se toma en sentido genérico) que habían hecho en Harán...", se interpreta como que Abraham había usado las técnicas meditativas del Séfer Yetsirá para hacer un golem. Es decir, que antes de que Dios se le apareciera, Abraham había ya dominado las técnicas del Séfer Yetsirá. La traducción estándar del versículo es que Abraham y Sara habían hecho conversos a la religión del Dios único.
En cualquier caso, el párrafo final del Séfer Yetsirá (en alguna de sus versiones) es explícito sobremanera. Merece la pena citarlo añadiendo paralelamente algún comentario entre paréntesis:
"Y cuando Abraham nuestro padre, que descanse en paz, miró, vio, entendió, escrutó, grabó y talló ( técnicas meditativas de manipulación de letras) tuvo éxito en la creación (las dominó) tal y como está escrito: "y las almas que habían hecho en Harán". De inmediato se le reveló el Maestro de todo (Adon HaKol, en hebreo. La explicación es que fue capaz de alcanzar el Fundamento o Raíz divina. Kol, Todo, es un nombre cabalístico de la sefirá Yesod, el Fundamento, y representa el poder generativo de la Deidad, así como la conexión con la Luz Divina o Arbol de la Vida), sea su Nombre bendito por siempre...Hizo alianza con él entre los diez dedos (Sefirot) de la mano - ésta es la alianza de la lengua - y entre los diez dedos (Sefirot) de los pies - ésta es la alianza de la circuncisión ( el poder creativo de la palabra y de la carne son equiparados: se entiende así toda la disertación anterior sobre el poder tener un hijo. En hebreo, "milá" significa palabra y también circuncisión)..."
Y algunas versiones añaden también a este párrafo final la cita del profeta Jeremías (1:5), en el sentido de que Dios aplicó a Abraham el versículo: "Antes de que te formara en el útero (Biná, la tercera Sefirá) te conocí ( es decir que Abraham había alcanzado el nivel de Jojmá, la Sabiduría primordial, la segunda Sefirá, y se había hecho uno con el Pensamiento Divino), y antes de que emergieras de él (para ser arquetípicamente Jésed, una de las Carrozas de la Shejiná, la Presencia divina), te santifiqué y te hice profeta para las naciones(para volver a traer la Shejiná a la tierra)".
La conexión luminosa de Abraham está abierta para todos. Es de esperar que a nadie se le ocurrirá comprar un Séfer Yetsirá e intentar crear un golem. Sería mejor que antes empleara unos cuantos años trabajando sobre sí mismo (Lej-lejá) y su desarrollo espiritual. En ello puede resultarle de gran ayuda la meditación sobre los misterios del Séfer Yetsirá. El propio libro invita a ello: "Instaura cada cosa en su esencia y sienta al Creador en su base (o lugar)", repite en varios lugares. Muchos de sus asertos son alusiones veladas a técnicas concretas de meditación. Pero desarrollar esto de una forma que resulte útil al buscador moderno será, si Dios quiere, tema de otro artículo. Tan sólo una cita final de un autor contemporáneo (A. Green, Your Word Is Fire) que en pocas palabras resume el camino y la meta:


"Entra en cada letra con toda tu fuerza.
Dios mora dentro de cada una;
al entrar en ella, te haces uno con El."


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